LA TOUR LIFE
Estoy de tour. He estado en Europa, ahora estoy en USA y pronto estaré en Latinoamérica (si Dios quiere). Llegados a este punto creo que debo estar en el ecuador del tour y curiosamente cada vez me da por hablar más en el escenario. Decir lo primero o lo segundo que te viene a la mente cuando tienes un micrófono en la mano. El otro día en el show de NY me puse a hablar de esta vida loca y días después me quedé pensando en ello, así que me dispongo a tirar de ese hilo.
El hilo es el siguiente: la vida nomádica no es para cualquiera.
Mis respetos a todas las personas que viven así. Hay que ser valiente para ser nómada. Entiéndase por vida nomádica aquella vivida con la casa a cuestas y de forma desprendida. El desprendimiento, por cierto, no es opcional porque buena parte de lo que lleves a cuestas lo perderás por el camino. Vivir cambiando siempre de lugar, lejos de lo tuyo y de los tuyos o del lugar en que naciste. Vivir lejos de todo aquello que amas y odias pero que irremediablemente te recuerda quién eres.
Una renuncia desgarradora si me lo preguntas: casa u hogar no es solo refugio, puede ser el eje simbólico que te sostiene. Casa puede ser tu persona o tu clan, puede ser un olor, cuatro paredes o tu ciudad...
No me extraña que la mayoría de artistas suelan rajar cuando hablan de la tour life y muchos se den a cualquier anestésico para sobrellevarla porque la tour life no es una broma. Precisamente por eso intentas construirte un hogar allí donde vas. Como músico en la carretera yo también lo intento, lo intentamos. Por suerte me ayudan pero nada ni nadie te prepara realmente para construir y destruir tu casa cada día.
El dibujo de alguien que quieres encima de la mesita de noche, las camisetas colgadas cuidadosamente en el ropero, las lámparas que apagas y enciendes hasta dar con “la buena luz”, los libros apilados que nunca tendrás tiempo de leer o la figurita decorativa de mierda que escondes dentro de uno de los armarios del hotel porque no soportas verla ni un segundo más. A día de hoy aún me sorprende la soberbia con la que a veces puedes caminar y observar estos espacios como si fueran tuyos, como si por un segundo te creyeras tu propia mentira de que esa habitación de hotel te pertenece.
Construir tu casa y destruirla
Construirla y destruirla
construirla y destruirla
construirla y destruirla
La construyes cada día religiosamente. Lo haces con amor y a sabiendas de que tendrás que destrozarla unas horas más tarde y no por rabia o por gusto sino porque tienes que irte. Podrías pensar que no quieres aferrarte a nada si cada seteo es temporal o quizás querrías que tu amor por las cosas se desbordara y así por fin te dejarías sentir el miedo, vacío o angustia cada vez que tienes que irte al siguiente lugar pero en vez de esto haces lo que puedes a tu manera: a veces lloras, a menudo disocias y en un buen día pronuncias en voz baja un “adiós” que te hace sentir un poco mejor mientras cierras la puerta preguntándote si alguna vez volverás a entrar ahí. Hoy en Las Vegas, mañana Los Ángeles, pasado en San Diego y así.
Todo esto es mi forma de decir que cada vez que tengo amor por un lugar también tengo razones para no querer irme y es también mi forma de decir que me da miedo no tener raíces en ningún lugar, pero sé que en el fondo llevo todo lo que importa dentro de mí y hay cosas que nunca podré perder porque soy y siempre seré un archivo de todo aquello que he amado.


es de cabrones no poder hechar raíces pero sí alas.
Te entiendo y abrazo mucho, es para valientes estar habitando efímeros lugares sabiendo que no son nuestros pero que se sienten nuestros por un momento.