CUMPLEAÑOS FELIZ
Números, edades, recuerdos, regalos, pasteles y deseos
El día que cumples años se supone que es obligatorio celebrar que aún sigues en la tierra, todo el mundo parece acordarse de ti y por poco te crees especial o un tanto ignorada. Es un día en el que brindan por ti o te entonan un canto dodecafónico popularizado como “el cumpleaños feliz” (una melodía compuesta, por cierto, por dos hermanas llamadas Mildred y Patty Smith Hill) añadiendo para siempre la presión del feliz ya que no solo es cumpleaños, es cumpleaños-feliz.
Cumplir años: ni lo ansío ni me aterra. Tengo una relación extraña con mi edad. A veces me sumo meses y a veces creo que tengo un año menos. A veces siento que llegué ayer y otras me olvido de las décadas que llevo aquí... Quizás es porque nunca he respetado profundamente los números y todo mi amor ha ido hacia las letras pero nunca es tarde para cambiar algo. ¿Chicas porqué no tirar los dados? los símbolos están para jugar.
Este año me tocan 33.
El número 3, número divino. El 33, la santísima trinidad dos veces. Cristo murió a los 33. La columna vertebral se compone de 33 vértebras al nacer, el alfabeto ruso contiene 33 letras, el 33 de la tabla periódica es el arsénico y en numerología el 33 es considerado un número divino porque es el combo de otros dos números maestros: el 11 y el 22. El código de Francia es +33, donde espero poder vivir en algún momento de mi vida. Según investigadores de la Universidad de York, 33 milisegundos son suficientes para formar una primera impresión precisa de alguien y por lo visto en 2011 unas 7 parejas en Tailandia rompieron el récord Guinness del beso más largo al besarse por 33 horas sin parar (Fuente: internet: Miami me lo confirmó).
Si retrocedo 20 años me acuerdo de mi abuela Lucrecia metiéndome dinero en el bolsillo el día de mi cumpleaños jajaj así como de forma furtiva. La piel suave, empolvada, cargada de algún perfume tipo Chanel número 5 pero de la droguería. Las venas de sus manos sobresaliendo del bolso como las raíces de los arboles en L.A, el temblor de su pulso sosteniendo el billete, los dedos entumecidos, coronados por unas uñas laqueadas y un azul inesquivable: el billete, los brazos o los pañuelos de seda que siempre le asomaban por el cuello.
Y como no, los cumpleaños no son cumpleaños sin pasteles. Mis dos pasteles favoritos de siempre son la sacher de frambuesa y el gateau breton. Mi abuela Rosalía, a quien le debo mi nombre, solía ir cada año de viaje a un pueblo de Francia llamado Caussade. Nunca supe cómo se veía Caussade pero conocía su sabor. Al volver de sus travesías, mi abuela solía traer un gateau breton de ciruelas y nueces que venía envuelto en una cajita circular de madera y como por arte de magia ella era capaz de contrabandearlo de Caussade a Barcelona intacto.
Años más tarde intenté replicarlo por amor a la repostería o por la nostalgia que me caracteriza y fue una catástrofe. Lo que tenía que ser un gateau breton terminó siendo un absoluto despropósito. Era incomestible, un sabor devastador: la cantidad inmoral de mantequilla, la dulzura inexistente o la textura desangelada y cementicia. Por suerte nadie fue testigo de esta aberración a la tradición culinaria francesa que durante tantos años ha sido forjada, pero también te digo que esa receta fue hecha con maldad. Yo sé que no te puedes fiar de lo que lees por internet pero esa receta la cargó el diablo. Fue peor que decepcionante, una derrota para el paladar.
Me parece curioso como intentamos repetir todo aquello que amamos, como si una sola vez nunca bastara. Un momento, una peli, un sabor... que todo lo que amemos sea eterno y vuelva a empezar.
De mi abuela Lucre aprendí la guasa, de mi abuela Rosalía el cuento. Aun me acuerdo que de pequeña mi nombre no me gustaba. María, Helena, Paula, Sandra: habría preferido cualquier nombre común, todo menos Rosalía. Hoy en día es diferente, no lo cambiaría por nada del mundo y estoy agradecida porque realmente mi familia se preocupó, profetizando desde hace más de 30 años, de regalarme mi nombre artístico.
Este año mi cumpleaños me coge en L.A trabajando y no sé qué pasa que no me apetece celebrarlo por todo lo alto ni como lo he venido haciendo (¿Me estará invadiendo la mítica y aterradora idea de organizar algo y que no venga nadie como nunca antes??? loooollll), solo fantaseo con que el 25 de septiembre termine y ya sea el 26.
Quizá sea porque la mayoría de mis cumpleaños en los ultimos 10 años los he pasado on the road, en movimiento y de una forma u otra los he celebrado aunque fuera en sitios distintos y con gente distinta. ¿Cuando tu vida es nomádica no tienes casa? ¿Tu casa eres tú mismo? ¿Tu casa es tu habitacion de hotel? Me pregunto qué clase de ser humano está diseñado para construir y destruir su casa cada día. Poner esa foto en la mesilla de noche a sabiendas de que mañana la quitarás de nuevo, y así con todo.
Con los años me he dado cuenta que al no estar habitualmente en los cumpleaños de la gente que quiero termino padeciendo un fomo desmesurado y me obsesiono con hacerles regalos. Unas flores, un poema, un pastel, un dibujo de mierda... Regalar es definitivamente uno de mis love languages (si es que hago uso aceptable de alguno de los demás) pero tengo claro que me gusta más dar que recibir. Puede que se me de mejor lo primero, únicamente, porque lo he practicado más que lo segundo pero confío en que con el tiempo esto, además de mi falta de aprecio por los números, también pueda mejorar.
Calculo que me quedan unos 60 y pico cumpleaños más por celebrar porque.. ¿A alguien mas le pasa que crees que vivirás hasta una edad en específico? Siempre he tenido la creencia infundada de que viviré hasta los 100 años. Mi bisabuelo duró 102, que no es poca cosa, así que a lo mejor no sería tan improbable que yo durara lo mismo de no ser por los cigarrillos, el azúcar, la falta de sol, las taquicardias, el vino ocasional y algún que otro desamor. En fin, Dios dirá. Lo que tengo claro es que no me gusta celebrar cuando es mandatorio, como el día de fin de año que toca descantillarse, emborracharse y gritar. Hace años que intento practicar la celebración de forma continuada.
Motivos de pequeñas celebraciones: que mi hermana se ría con una de mis bromas, encontrarme a mí misma canturreando sin una razón en especial, que mi sobrino haya crecido y aun quiera jugar conmigo, haberme topado con un paisaje delicioso, que me den un masaje en las manos sin haberlo pedido, no tener insomnio, tener menos de 5 adicciones, seguir acordándome de como hacer una pirouette, morder un bombón y que no tenga licor dentro, usar una manta que no pique y que sea lo suficientemente alargada para no dejar mis pies al descubierto, montarme en un avión que no caiga en picado, poder engullir el sol y las nubes siempre que quiera o saber que nunca me va a faltar amor x dar.
Por último decir que evidentemente soplaré unas velas. Una, un par, las que sean y solo me quedará cerrar los ojos con fuerza o con el miedo de quemarme el pelo si me distraigo, con el calor de las velas subiéndome por la frente y concentrándome para pedir un deseo - porque pareciera que una vez al año, tan solo durante los segundos mágicos antes de soplar, se abre un portal donde puedes pedir lo que sea que se te concederá - y ahí es cuando hay que aprovecharlo y pensar rápido y soplar fuerte y decir poco y sonreír mucho.


Rosi amor lo que acabas de escribir es tan crudo y devastador… como real. Los cumpleaños se han ligado a la felicidad, pero ¿quién nos puede obligar a estar felices un día concreto? Celebra la vida cada día, porque es un regalo continuo.
Feliz cumpleaños Rosalía ❤️
Felicidades mi niña, no dejes nunca de escribir en esta red social que solo uso por ti 🤍🥳💋